Fidel Nkanza, párroco de Santa María de las Flores de Hornachuelos y de las parroquias anexas de las aldeas, comparte su experiencia en los primeros meses como sacerdote en el municipio. Nos habla de sus raíces, sus impresiones sobre la acogida que ha recibido, su visión para el futuro de la Iglesia en la comarca, y cómo vive unas Navidades llenas de esperanza, solidaridad y optimismo.
¿Qué tal te estás adaptando a Hornachuelos como nuevo destino?
Estoy aquí desde 1 de agosto, soy el párroco de Hornachuelos y de sus aldeas, de Céspedes, de Mesas de Guadalora y Bembézar. No lo podemos olvidar, porque todo hace una unidad pastoral. ¿Y cómo he llegado aquí? Pues me decía un amigo, un padre de familia, que he caído del pie aquí en este pueblo, y es verdad que he caído del pie. Y no es solamente que yo he caído, ellos también me han caído muy bien. Así que me siento muy a gusto en esta tierra de Andalucía. Es la primera vez que estoy aquí en esta tierra y todo el mundo a quien decía que iba a Andalucía, a Córdoba, me decía: “Mira, ese es tu sitio”. Y preguntaba yo, ¿por qué dices eso? Y me decían: “Pues por tu forma de ser, ese es tu sitio. Es gente muy alegre, gente muy abierta, son como los africanos”. Y es verdad. Estoy muy contento, gracias.
¿Qué es como lo que le ha llevado a venir aquí a Córdoba, a Hornachuelos?
Pues mira, como sacerdote formo parte de la Iglesia Católica Universal. Nosotros vamos siempre a otros países con la autorización de cada uno de sus obispos, se hace un acuerdo entre un obispo y otro, en mi caso pues mi obispo, y el obispo de Córdoba, Demetrio. Pues yo pasé primero… llegué aquí a España en 2017, pasé tres años en la diócesis de Segovia, para hacer los estudios de la licenciatura en Teología Pastoral de Salamanca. Terminé ahí y luego mi obispo me reclamó, volví a mi diócesis. Ahí me nombró deán de la catedral y delegado de la pastoral diocesana. Y después de casi dos años, el obispo, otra vez, decidió que volviera aquí a España para terminar los estudios haciendo el doctorado y por eso he pasado casi dos años en la diócesis de Madrid, porque me pillaba muy cerca la universidad. Terminé las asignaturas del doctorado y luego pensé: “Mira yo de verdad aquí en esta ciudad con mucho jaleo no me siento a gusto, me gustaría estar en un pueblo tranquilo y ahí seguir con la redacción de mi tesis”. Y por eso hablé con mi obispo y se lo pedimos al obispo de Córdoba que me ha abierto las puertas, por eso estoy aquí.
Queremos conocerlo un poco más, ¿qué nos pude contar?
Pues yo crecí en un pueblo muy pequeño que se llama Imbela, que está en la diócesis de Popokabaka, en la República Democrática del Congo, en la provincia de Kwango. Nací en una familia de nueve hijos conmigo y mi papá es un animador pastoral. Aquí se parece a los que llamamos celebradores de la palabra, es decir, cuando el sacerdote no está disponible porque tiene muchos pueblos, pues hay un señor, un laico, que tiene una formación. No es un diácono, es un laico, que tiene una formación, y a él le dan la responsabilidad de acompañar a la gente celebrando la palabra y luego va a recoger al Señor, puede dar la Comunión sin problema. Pero es un laico, un laico casado, entonces ese es el caso de mi papá. Y creciendo en este ambiente cristiano, sin saber nada, algo crecía en mi vida. Y luego pues me metí en el seminario, ahí también en el Congo. Me ordené en 2012 como sacerdote, y luego pasé tres años como vicario, dos años como párroco y también delegado de la Juventud Diocesana, y al final mi obispo me mandó aquí para hacer los estudios de Teología Pastoral.
¿Qué impresión le ha dejado Hornachuelos?
Pues en este pueblo hay varias cosas. Primero, lo que he vivido. No me ha costado nada adaptarme en este pueblo. Parece como si hubiera pasado ya años aquí, pero llevo solamente unos meses, cuatro, creo, ahora mismo. La acogida de la gente, cómo la gente me abraza, cómo la gente me acoge, cómo la gente me recibe, eso no tiene nada que ver con todo lo que podemos pensar de uno que vaya por primera vez a un sitio. Y personalmente me ha marcado un montón. Además, cómo la gente se ha involucrado para ayudarme, acompañarme, para instalarme con lo que necesitaba en la casa. Voy a decir que todo lo que tengo aquí en mi casa hoy día, no son cosas que hemos comprado. La generosidad de la gente. Cada uno quiere aportar, cada uno quiere hacer algo. La atención que tienen, la sensibilidad. De verdad, eso me ha marcado un montón. Y hasta ahora, cada día me preguntan, me llaman. “¿Qué tal estás? ¿Qué tal esto?”. Y las señoras que me llevan un táper para comer, todo eso. Así que, de verdad, me siento muy agradecido, muy afortunado de cómo la gente me está tratando. Y eso me anima mucho para sentirme como en mi casa. Me siento de verdad en mi casa. Y me anima para darlo todo, ¿sabes?
¿Qué balance harías de su experiencia?
Acabo de llegar. Es muy difícil tener una idea clarísima. Lo bueno es que es una tierra abierta, de gente abierta. Lo que siento es que la gente es muy abierta, que saben escuchar y que está dispuesta también para hacer lo que sea. Yo ahora mismo me estoy colocando, hay que decirlo así, con todo el mundo, mayores, niños, jóvenes. Ese es el primer paso, ¿no? Porque tú no puedes hacer nada si primero no sabes colocarte, que estemos ahí, sentirnos caminando juntos. La cercanía es muy importante. Nos tenemos que conocer. Y luego poco a poco las cosas van a salir. Yo estoy muy positivo, optimista, que las cosas con la gracia del Espíritu Santo van a salir muy bien. Estoy muy contento, de verdad.
¿Qué tal es tu conexión con las entidades cofrades del municipio?
Ya, bueno, ahí está el punto de inicio. Iniciamos con muchas reuniones, primero el Consejo Pastoral parroquial, juntando a todos los responsables de las hermandades de la Parroquia y sus poblados. Y la catequesis también, lo hemos iniciado, tenemos un grupo de treinta niños que van a hacer ahora la primera comunión, tenemos un grupo de los adultos que van a hacer la confirmación, y todos los viernes vamos a animar a los mayores en la residencia. Ahí también perfecto, gracias a Dios. Y las misas muy bien, en el cementerio la gente se está animando, intentamos animar las misas, cantar… aunque ya muchos han perdido las notas, pero bien. Vamos bien y ahora estamos organizando un poco para las convivencias, es decir, cada mes vamos a hacer un encuentro en una de las parroquias, los jueves, lo hemos hecho ya en Bembézar y en Mesa. De lo que se trata es de juntarnos, ¿no? Vamos el jueves ahí, hacemos una charla y luego la exposición al Santísimo y celebramos la misa. Y después de la misa nos tomamos lo que hay, una cervecita o un café o lo que sea, el chocolate. Lo importante es la convivencia, sentirnos unidos, sentirnos como miembros de una sola familia, porque aquí no se trata de Hornachuelos, sino se trata de esta unidad parroquial que estamos organizando.
¿Cómo está viviendo estas primeras Navidades en Hornachuelos?
Pues, como les decía hace poco también, estamos observando, pero también tenemos que actuar, no solamente observar, hay que actuar. Yo estoy respetando el ritmo, cómo se hacían las cosas, cómo se hacen, y lo tengo primero que conocer. Y luego bueno, cada uno tiene que aportar lo que pueda, así que me han pedido que participe, que estemos ahí. El primer paso que hemos dado es que hemos estado en la calle para pedir la colaboración de todo el mundo y de los comercios para que tengamos más juguetes y cosas para ofrecer a los niños para el día de los Reyes y gracias a dios la gente de verdad es muy generosa y nos han dado cada uno lo que tenían. Y estoy muy contento. Seguimos con el siguiente paso, lo estamos esperando. Lo que nos diga el Espíritu Santo es lo que podemos hacer. Aquí estamos siempre disponibles, como le decía, para todo lo que se trata de Dios y de mi pueblo. De verdad, no voy a dar un paso atrás, siempre adelante.
Bueno, este año además va a ocupar un papel muy especial para los niños, porque encarnará a su majestad, el rey Baltasar. ¿Cómo crees que va a ser esta experiencia?
En la vida, cada uno da lo que tiene. Yo, en este pueblo, como bien lo sabes, soy el primer, hay que decirlo así, sacerdote africano o negro que está aquí. Y cada año se han pintado, hay que comprar todo eso… Al principio tenían, no sé, miedo o reservas para decírmelo, y cuando me lo dijeron lo acepté directamente. Se extrañaban ellos. “Ay es que pensábamos que ibas a decir que no”. Y les dije: “No, no os preocupéis”. Para mí es una alegría de verdad vivir ese momento, aportar lo que tengo y lo que soy. Ser negro cae muy bien en este tiempo de la sinodalidad. La sinodalidad es el espíritu que el Papa nos está a todos nosotros animando para que tengamos en las Iglesias, para que caminemos juntos cada uno con lo que tiene, cada uno con su sus cualidades y defectos, cada uno como está. Yo tengo lo que los demás no tienen, me encuentro aquí y soy el único negro en la iglesia celebrando la misa. Y hoy día, en este momento en el que vamos a celebrar los Reyes Magos, hay uno que es de África y me identifico con él totalmente. Es decir, desde el inicio había una representatividad, una representación, una universalidad, que enseña que todos somos una familia y nos reunimos para adorar a Dios. Y si estamos aquí, si me encuentro aquí, es por una sola cosa, que es el Señor, Dios, que nos reúne alrededor de la mesa, alrededor de este pueblo. Y entonces, es una forma de decirnos que cada uno cuenta en la vida, en la vida en la parroquia, en la vida normal también es así. No puedes despreciar a nadie, porque cada uno, aunque que sea el más tonto del pueblo, es importante y te puede aportar algo. Pero a veces no sabemos valorar a la gente y a los demás. Yo creo que será una buena ocasión para aportar lo que tengo. Evidentemente hay gente que lo ve muy mal, es decir, gente a quien no le caen bien los africanos o los negros o lo que sea, es normal, es decir, es una forma de ser, pero los convencemos de la misma forma que los europeos fueron a nuestros países para enseñarnos la palabra de Dios. De esa forma también nosotros venimos aquí para devolver lo que hemos recibido. Y te voy a contar algo más, para que veas que la belleza de la Iglesia y la belleza del mundo cuando vives con una mente abierta. Yo llegando, tengo una historia con este pueblo, con Andalucía de forma especial. Llegando aquí yo no sabía, la primera vez que celebré la misa, me encuentro con una señora que me dice: “Mira padre, yo he venido para saludarlo, porque yo tengo una historia con el Congo” y digo, ¿qué pasa? Y me dice: “No, porque yo tenía una tía que era monja y murió en el Congo, la enterraron, hasta hoy su tumba está ahí entonces usted me recuerda directamente”. Y digo, mira, en mi país, en mi pueblo natal, hay una monja española que murió el año 1983. Yo era niño, pequeño, tenía dos años, y la enterraron detrás de la iglesia de mi pueblo. Y la señora me decía: “No, pero ella está en Kinshasa”. Y yo le dije: vale, pero la monja se llamaba Dolores y ahí ya si me dijo: “¡Es mi tía, es mi tía!” Es increíble, yo de verdad hasta hoy no acabo de entender lo que es, cómo siendo Córdoba tan grande, cómo siendo España tan grande, he podido caer en este pueblo, el de esta monja que está en mi pueblo, en mi casa, y yo estoy ahora en su casa. En la vida hay que saber leer lo que se llama los signos de los tiempos, ¿no? En la vida no hay casualidad, hay siempre el plan de Dios, la divina providencia. Así que, con mucho gusto, todo lo que se trata de mi pueblo, donde estoy, pues ahí estoy, y se lo digo también a los chavales. Donde hay vida, ahí estoy.
¿Qué proyectos y objetivos tiene para la Iglesia de Hornachuelos?
Pues, como decíamos, esa es la misión, ¿no? La misión, cuando te encargas de una parroquia, hay que disponerse al Espíritu Santo. Recordando que no es tu misión, no es tu parroquia, no es tu gente, es la misión de Dios, es la misión del Espíritu Santo. Yo abierto a lo que me diga el Espíritu Santo, pero de momento, con todo lo que estoy observando, estoy muy contento y optimista en que podemos hacer muchas cosas. Y ya veremos el año que viene, como la vamos a plantear, pero de momento el primer año para mí ha sido un año para conectarnos, conocernos, porque no podemos caminar juntos sin conocernos. Ha sido muy importante este diálogo, esta cercanía que estamos construyendo, este calor humano que estamos compartiendo. De verdad que hay mucha gente que no va a la iglesia, pero gente buena, gente con la que nos cruzamos por el camino o con quien tomamos algo donde sea y tienen un discurso muy positivo, muy humano. Yo creo que, gracias al Espíritu Santo, poco a poco podrían reconocer. Como pasó con un grupo de jóvenes que me invitaron el domingo pasado a la comida de la Navidad. Yo al principio no dije nada, fueron ellos los que me dijeron: “Padre, ¿Podemos rezar? Y yo dije: Ah, qué guay, ¿no? Porque yo no dije nada, no voy a voy a imponer nada. Son ellos, que me lo han pedido. Eso significa que reconocen que lo que vamos a comer y beber viene de Dios. Que es una bendición de Dios y tenemos que agradecer primero a Dios. Eso me ha gustado. Y a partir de ahí puedes ver que la gente no está lejos de Dios. Aunque no vaya a la iglesia, pero tienen a Dios en su corazón. Pero falta siempre algo, porque es también muy importante acercarse al Señor, arrodillarse delante del Señor. Aunque no digas nada, aunque no sepas rezar, te pones delante del Señor, arrodillado, abrazado al Señor, y Él te dará todo lo que necesitas. Entonces, el plan para el año que viene, ya veremos con la gracia del Espíritu Santo cómo lo vamos a mover.
¿Cómo percibe la esa implicación de la sociedad y la juventud con la iglesia?
Pues la implicación de los jóvenes casi no hay. Hay algunos que sí, pero la mayoría no. Con los jóvenes hay que buscar, no soluciones, sino métodos para atraerlos. Y no hay otra cosa. El único camino es primero acercarse a los jóvenes, que se sientan acogidos, valorados. Así es como van a tener el ánimo para hacer las cosas. Abandonar a los jóvenes y que estén ahí, fuera, o en las calles, no es una buena idea para nosotros como iglesia. Intentaremos, empezando desde ya. Tenemos ya un grupito, tenemos un grupo de WhatsApp y hemos intentado hacer algo, pero no ha salido, porque uno tiene exámenes, otro tiene no sé qué… pero lo vamos a intentar, lo vamos a intentar. Con el Señor nada es imposible. Y si estamos aquí es para para cuidar sobre todo a los jóvenes porque son el futuro de la iglesia y el presente. El Papa les dice a los jóvenes que no son solamente el futuro sino también el presente, ya hoy necesitamos a los jóvenes para muchas cosas y por eso a los padres los digo siempre que estén ahí, que dediquen tiempo para hablar y estar con los niños. Es ahí donde está todo el tesoro de nuestro pueblo, de la Iglesia, del país y del mundo también.
¿Cómo planea integrarse en la vida comunitaria de lo que es los vecinos de Hornachuelos?
Pues ahí, como decía, hay cosas que hay que hacer. Para conectarse porque el secreto es estar ahí, conectarse, si no… es imposible. Yo estoy intentando por ejemplo ponerme en el Club de Trotasierra, los viernes voy ahí para conectarme con la gente. Es decir, si estás en un pueblo, estás en un sitio, como pastor, tienes que estar donde está tu rebaño. Acompañar a tu rebaño. Esa es la misión de la iglesia y humanamente también es así. Es decir, si ya tú estás ahí, que conoces a la gente y la gente te conoce, con el tiempo puede ser que tú no digas nada, pero son ellos los te van a proponer: “Mira, ¿podemos hacer eso? ¿Podemos proponer o realizar tal actividad?” Es así como salen las cosas. Y valorar más todo lo que la gente te dice. Hay que escuchar mucho, cuando escuchas, y con la gracia del Espíritu Santo puedes hacer discernimiento sobre cómo podemos llevar a este pueblo, a este rebaño que el Señor ha puesto en tu camino. De momento, yo estoy ahí para conectarme. Me conecto con la gente, nos conectamos, y el resto, con la gracia del Espíritu Santo. Estoy contento y optimista.
¿Cree que necesita en específico la iglesia de Hornachuelos?
Pues lo que necesita la iglesia es más vida. Más vida, yo lo decía cuando tuvimos la reunión con los Hermanos Mayores de las Hermandades, que no podemos esperar solamente, por ejemplo, que una Hermandad actúe solamente en la Semana Santa. Una Hermandad es un movimiento que no puede esperar solamente un momento para vivir, para actuar, no. La Hermandad es una parte del cuerpo que se llama iglesia. Tiene en cada momento que actuar, hacer algo, moverse. Lo que falta un poco es eso, es decir, si cada Hermandad por su parte empieza a mover las cosas, empieza a revolucionar las cosas, como lo dice el Papa Francisco, yo creo que tendremos a nuestro pueblo aquí muy caliente. Y por eso se lo digo yo, a mí no me gusta cuando la gente me dice: “Sí, en Palomar, en Posadas…” No, no, vamos a ver. Ellos no han caído del cielo. Lo que hacen, aquí también somos capaces de hacerlo. No es la multitud de la gente que cuenta para realizar cosas, no. Es la voluntad y el amor que tenéis en el pueblo, en tu familia, en vuestra comunidad. El amor y la voluntad, eso es lo que anima. ¿Qué son muchos? Bien, perfecto, pero nosotros también. Somos muchos, y podemos hacer muchas cosas para preparar el futuro de nuestro pueblo y de nuestros niños. Así lo entiendo yo, de verdad.
Y tras estos primeros meses, ¿cómo valorarías la actividad cofrade y de las hermandades del municipio?
Pues las hermandades, a mi forma de ver las cosas, están un poco flojitas, ¿no? Es decir, de verdad, entiendo también la otra parte que tienen. Son responsables, padres de familias, que tiene también cada uno su trabajo, lo entiendo perfectamente, pero falta un poco de creatividad, ¿no? Un poco de creatividad para mover las cosas, porque cuando todas las partes del cuerpo funcionan, la Iglesia se va a levantar, y cuando la Iglesia se levanta, el municipio también va a correr al mismo ritmo y al mismo rumbo, y yo creo que todos podemos salir adelante. Y aquí agradezco mucho la participación del Ayuntamiento también, que están siempre ahí, donde hay necesidad, donde hay algo que hacer, nos ayudan sin problema. Para arreglar algo del techo ahí en la iglesia, para arreglar la mesa, decir que están siempre ahí. Eso también me anima muchísimo, porque la Iglesia y el Estado, el Ayuntamiento, formamos un cuerpo y tenemos una sola misión que es el cuidado del pueblo y nada más. Y yo creo que si cada uno, respetándonos unos a otros, podamos darnos las manos y ayudar donde sea, donde hay necesidad, podamos caminar muy bien, como lo dice el Papa Francisco. El protagonismo de cada uno en el pueblo es importante, porque no se puede despreciar. No se puede dejar a nadie atrás, no se puede poner no sé qué fuera. No, todos tenemos que caminar juntos, darnos las manos e ir adelante.
Para terminar, ¿Cuál sería su mensaje para los vecinos también aprovechando las fiestas?
Pues ahora mismo la única cosa que puedo decir es mi agradecimiento a todo el mundo. Muy contento con los niños y con los mayores, porque son los más olvidados de nuestra sociedad. Los mayores pensamos que ya están, que han hecho todo, que están caducados. Y a los jóvenes y niños dicen que son sin experiencia, son tontos, no saben nada. Y ahí estamos nosotros. Felicitamos a todas las familias. Y queremos que disfruten todos de estas fiestas, pero como lo digo siempre, disfrutar como Dios manda. ¿Y cómo Dios lo manda? Pues Dios nos manda que la vida que tenemos, que sepamos que no es nuestra. Todo lo que somos y lo que tenemos es para vivirlo bien, sabiendo primero que viene de Dios, del Dios que no vemos, lo vemos a través del vecino. Tenemos que pasarlo bien. Pero nunca olvidar a los pobres, a los más cercanos, a los más necesitados, que a veces pensamos que están en África o donde sea y no. Hay gente que está aquí que necesita también. Hay que abrir los ojos, hay que abrir el corazón. Veremos que aquí hace falta aportar algo. Y no podemos esperar que la gente venga hacia nosotros para pedirnos, la Navidad es el tiempo de los regalos. Tú puedes hacer una sorpresa a tu hermano o a tu hermana, llevándole algo que no ha pedido. No esperar que venga hacia ti para pedírtelo, no. De ti mismo, piensa. De lo que te has propuesto, de todo lo que tienes para celebrar la Navidad, ten también algo reservado para compartir con los demás. Yo creo que sería una buena cosa, porque la Navidad es un regalo que Dios nos hace. Y por eso, en ese momento, transmitimos también regalos. Y la Navidad no puede ser una fiesta de un día, sino que la Navidad tiene que ser una fiesta de todos los días, de todo momento. Es una fiesta que nunca se puede acabar en nuestra vida. Felicitamos a todo el mundo, seguimos disfrutando de nuestro pueblo, seguimos conectándonos, todo para la gloria de Dios. Amén.
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Pues si ya es un hecho no sé qué se puede hacer
Yo no estoy de acuerdo que tenga que venir aquí todo el escombro nuclear de toda Europa
Creo que ya está bien
Y no estoy enterada que le reporta esto a Hornachuelos so diento