Cuatro años de trabajo para recopilar entrevistas, trabajar en investigación, hacer fotografías, realizar mucho trabajo de campo, y hacer el montaje y diseño para poder poner en marcha todo un registro de las «Plantas Comestibles Silvestres de Guadalcázar» que se han recopilado a través de un libro en el municipio.
Esta recopilación formará parte de los archivos que ayudaran a educar y cultivar de cara a las nuevas generaciones de este patrimonio. Permitirá no perder una tradición centenaria en la localidad, la de el uso de las plantas y además ha contado con especialistas que han dado el rigor científico necesario que ya de por sí aportaban los mayores con su experiencia propia.
Las plantas.
Algunas de las plantas siguen siendo muy habituales en la zona, pero otras prácticamente han desaparecido. La realidad es que hay mayores que siguen recolectando, pero reconocen que hay menos y recuerdan como lo que antes era muy habitual ver en las cunetas, hoy día se hace prácticamente imposible.

Algunas especies comunes como las tagarninas o los cardillos siguen siendo muy comunes, otras prácticamente han desaparecido y especies que se comen de forma natural en otros lugares y en esta zona sólo se usan para el ganado. Uno de los puntos negativos es la cantidad de plantas afectadas por plagas como la chumbera.
Todo esto se ha podido conocer a través de las conversaciones que además han permitido aprender otros usos que en el día a día se les daba a las plantas de la zona.
Las recetas
La elaboración de las recetas ha descubierto grandes tesoros culinarios, ha permitido recordar sabores de la niñez y ha afianzado platos que siguen estando a la orden del día en la gastronomía local.
Los mayores también han hablado de lo que conocemos como “malas hierbas”, incluso a estas le encontraban uso antaño y más de uno puede contarlo gracias a estas hierbas, se ha sabido a través de estas investigaciones.
Duro trabajo de recopilación.
Cintia Bustos, Presidenta del Instituto Municipal de Gestión Medioambiental de Córdoba, que ha colaborado, se ha referido a la importancia de este gran proyecto que “ayuda a preservar, guardar e informar el patrimonio etnobotánico de la campiña de Guadalcázar”, además ha subrayad la presidenta “contando con aquellos que más saben nuestros mayores”.
Una de las tareas más difíciles ha sido localizar algunas plantas y es que el nombre que se le daba por parte de los mayores era difícil extrapolar a la especie botánica correcta, así lo explica Raúl Osuna, técnico del Ayuntamiento que ha trabajo en el proyecto de principio a fin. Además se ha encargado de fotografiar las especies, que ha sido otro de los retos.
No obstante ha sido un trabajo muy compartido en el que lo más bonito ha sido el contacto con los vecinos y que ya tiene su recompensa, un libro en las estanterías de muchos vecinos y una recopilación para la posteridad.
Además de todo lo aprendido y como resumen final queda la siempre satisfactoria relación con los mayores, que una vez más ha hecho aprender mucho de la vida, ha ofrecido distintas perspectivas, vivencias y experiencias muy significativas y uno de las grandes recompensas de este trabajo en la que coinciden sus responsables.
“Todos lo que saben las personas mayores debe ser escuchado y recopilado”, la razón de ser del proyecto.
